Portishead - Dummy (1994)

Un día posiblemente lluvioso de 1991, Geoff Barrow conoció a Beth Gibbons. Barrow, hijo de un pueblo cerca de Bristol (Gran Bretaña) llamado Portishead, había trabajado con Massive Attack en la producción de su primer álbum: era el chico del té y a veces se encargaba de los aparatos de grabar. Lo llamaban “el chico de Portishead”, así que, cuando se decidió a emprender su propio proyecto, qué mejor que ponerle su mismo apodo. Por su lado, Gibbons, criada en una granja en Exeter (Gran Bretaña), empezaba su carrera musical haciendo pequeñas actuaciones en bares de Bristol. En 1993, dos años más tarde de aquel primer encuentro, nació la banda Portishead. Dummy es el primer fruto del duo (aunque cuentan con el apoyo de Adrian Utley en la guitarra y el sintetizador) de Bristol. Este álbum fue el primero del género trip‐hop que llegó al mainstream y cuya fama cruzó el Atlántico. Contiene 11 pistas, de las cuales tres fueron publicadas también como singles: Numb, Sour times y Glory Box. Al empezar a escuchar el disco, uno de los primeros detalles del que nos damos cuenta es la particular voz de Gibbons, capaz de transmitir desde la más profunda tristeza hasta la más fuerte de las pasiones; siempre acompañada de un ritmo lento, casi letárgico. Mysterons nos muestra la tendencia generalmente oscura del disco. La segunda pista, Sour times, la canción más emblemática de este primer proyecto, es algo más rápida que la anterior, con un acompañamiento más cargado y en general da una sensación de más ligereza. Sigue Strangers, que empieza con un movimiento orquestal pero se vuelve más seca y dura, con una batería mucho más marcada. It Could be sweet es un tema que proporciona un ambiente extrañamente sensual. Wandering star vuelve a oscurecer el sonido del disco. Luego llegamos a It’s a fire, una canción con un ritmo algo más animado que el de las anteriores, lo que no significa que las letras acompañen esa disimulada sonrisa. Numb es ya desde el principio una canción con un ritmo que notamos como pesa en la cabeza, aunque hay que fijarse que la voz de Gibbons es más clara y un poco más enérgica que en la mayoría de temas. La siguiente pista es Roads, una canción que, escuchada con detenimiento, pone la carne de gallina: una letra extremadamente triste, acompañada de violines y un ritmo de balada que, aunque posiblemente la haga de las canciones más directas del álbum, no le hace perder sentimiento. Pedestal empieza con unos ‘scratches’ al más puro estilo hip‐hop que nos devuelven por un momento al mundo. El antepenúltimo tema es Biscuit: permanecen los ‘scratches hiphoperos’ y se añade una voz masculina en partes de la pista. Y al final nos espera Glory box, una joya entre la tristeza y otra vez esa extraña sensualidad. La frase “Give me a reason to love you?”, el solo de guitarra eléctrica en la mitad de la canción y un peculiar auge de distorsión antes de acabar en fade out hacen que se comprenda porque la revista Rolling Stone lo contó entre los 500 mejores álbumes de todos los tiempos.
- colaboración de Laura rus

